31 ago. 2010

Puntos

Un quesito en medio de una calle invita a mi mente a descansar como lo hicieron aquel día nuestros huesos.
Observo al niño que espera paciente en aquella parada de autobús. Se mantiene erguido en la esquina que un día ocupamos en el momento en que despertaban los/nuestros días, aunque aquel domingo estuviese ya durmiendo. Saborea un helado, uno de ésos con los que pocos minutos antes se deleitó mi paladar, disfrutando, partícula a partícula, de la acidez y del frescor del limón. Ya sabes que no soy muy amiga de los helados de chocolate.
Puedo hacerme una especie de mapa mental en el que localizo cada uno de los puntos que sé que me harán resaborear. Y es que siempre tuve el estómago delicado y hay muchas cosas que repiten, sobre todo si se hacen excesos a los que una no acostumbra. Y pienso... ¿qué puntos te quedarán? La vista es buena guía para los recuerdos, pero... y si la vista no se encuentra con ese banco, esa esquina, ese bar, ese sofá... ¿le quedará algo que te obligue a recordar? 
Puede que algún día envíe una de mis mariposas por correo postal.

27 ago. 2010

La importancia de reciclar

Ha pasado un cuarto de siglo, dos años hace ya y más de cuatro fueron escritos. No soy fan de tirar lo viejo a la basura.

Mi inventario enumera miles y miles de recuerdos desgastados, sucios y raídos guardados en armarios y cajitas, porque...
¿de qué se compone la vida si no es de recuerdos?

Siempre he pensado que mi presente es el resultado de la suma de todos mis pasados y mi futuro será el resultado de lo que haga con el ahora.
¿Cómo puedes no entender de reciclaje? ¿Cómo es posible que no sepas separar plástico de papel? Si de algo me siento orgullosa es de saber diferenciar.

¿Quieres perderme? Lánzame al orgánico sin más.

25 ago. 2010

Dicen que no hago literatura... 
tienen razón, 
nunca he pasado del melón con jamón, 
de una y de dos... 
No sé escribir, sólo me quito la armadura.



Y algunos me preguntan el porqué. Es evidente que encuentro tesoros en el Backstage de los Aviones que definen de algún modo lo que mis yemas, de vez en cuando, aciertan a imprimir.

Releyendo soy consciente de los retorcidos productos que fabrican mis circunvoluciones en ocasiones y de lo simple que suelo ser cuando intento llegar al tres. La lógica explica que comprendas mis historias. Podría hablar de ósculos si quisiese lo contrario o si, al menos, me apeteciese obligarte a abrir el libro de las palabras en una línea de cada dos. Aunque el continente pueda recubrirse de arte abstracto, el realismo de mis venas aflora cada vez que algo me remueve. Utilizas a menudo un batidor, de ésos con alambres enrollados que agitan cada milímetro cúbico que encuentran en su andadura. No debería permitir que lo hicieses, pero no encontré un antibiótico contra los pinches de cocina.
La ambigüedad solía ser tinte de mi carácter, ahora me la como a cucharadas intentando descrifrarla, mientras tú la agitas como sólo tú sabes hacerlo y la desprendes a borbotones.
Las imprecisiones o las precisiones excesivamente precisas a menudo provocan el mismo efecto.

21 ago. 2010

Tal vez sea porque ya han pasado muchos treinta y unos o porque a veces la piel necesita más que mordiscos de hola y adiós. Puede que sea porque la novedad es la diferencia que condimenta las mejores salsas y hace tiempo que tiré la toalla con las especias de colores despampanantes, prefiero que en lugar de adornar los platos les den discretamente buen sabor.
Cuando arrojé deseos a una hoguera nunca pedí lo que puede que recorra tu cabeza, o puede que sí, pero con distinto protagonista, o no. Me alimento del deslizar de una pluma sobre mi espalda, pocas cosas logran saciar mi hambre de verdad. Ningún médico logró diagnosticar la bipolaridad crónica que no dudo que padezco, puede que sea porque jamás quise curarme, o tal vez porque hay defectos de fábrica que no entran en garantía pasados los veintiuno.
No lances el tiempo al cielo intentando comprenderme, mi nudo está tan enmarañado que ni el más hábil de los mortales sería capaz. Aunque hay algo que puedo afirmar. Uno de mis polos desembaló hace algunos minutos las cajas en las que guardaba las llaves, ésas que bloquearon mi freno. Logré recuperar movilidad.
C'est fini. Here I am, again.

19 ago. 2010

Crónica de una muerte anunciada

Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. «La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros», me dijo.

Podría utilizar la genialidad de tantos en este día que el infinito parecería la hormiga que en aquella mesa escaló mis dedos buscando quién sabe qué. Lo cierto es que el tiempo apremia y, aunque necesito parir letras, no es el momento de confesarme. Sólo recuerdo cierta canción en la que dejaban de respirar.

13 ago. 2010

Veinticuatro horas han pasado desde que me despedí de los raíles y más o menos dos docenas nos acompañaron por las calles indiscretas. En mi piel se han subrayado los recuerdos y las contradicciones carcomen cada milisegundo de mi hoy. Mi papelera de reciclaje se perdió.

Nos esperan la brisa y las olas por segundo, los varios veinticuatros que harán que no sepa recordar qué es no echar de menos.

El hielo de mi café tampoco enfría tanto como cuando buscabas el sol frente a ese arco y las calles han dejado de parecerme nuevas para convertirse en las baldosas que piso y repiso con resignación.

Arroparme a diario saldría demasiado caro.
Los kilómetros se cifrarán en varios ceros.

No tengo ni idea de cómo deshacer este nudo, siempre me ayudaron a desenredar las cadenitas de oro que llenaban mis cajitas por Navidad.

10 ago. 2010

Mis pupilas han descubierto la penumbra tantas veces esta noche que no estoy segura de haber logrado conciliar el sueño. Lograré dormir sin intermitencias cuando el sol se incline un poquito, las hojas se conviertan en alfombras de fuego y los pájaros planeen sobre nuestras cabezas sin miedo al termómetro que tanto observaron a partir de abril.




Necesito un colchón para lanzarme al vacío,
el puenting sin cuerda no es para mí.
No guardes promesas en un saco raído
ni me cuentes historias que no acaban así.
Yo siempre protejo con astucia lo mío
si intentas romperlo me volveré a dormir.

9 ago. 2010

bien

Llevo algunos minutos palpando el teclado. Tantas sensaciones intentando salir por los cinco canales de mis manos son un exceso que ni yo misma puedo asumir. Si lo que siente cada micra de piel y lo que piensa cada recodo de mi cerebro se tradujese al alfabeto, probablemente sería eterno o, quién sabe, tal vez sólo se dibujase un silencio negro, de ésos que dicen todo pero que sólo entienden las personas que guardo como tesoros de colección.

Así pasaban todo el día... haciendo un pulso cabeza y corazón... - recurro de nuevo a Pereza.
La primera ya no entiende y el segundo ¿qué siente?. La lógica quedó de lado hace ya algunas horas y el corazón se fue con ella; ¿los ves? Aplastados como espigas horas antes de que compre el pan.

No me compres con letras ni con versos sin rima que calientan mis oídos hasta que te vea pasar; yo no funciono con mentiras ni con verdades como puños que demuestran que el resto lo firman los Hermanos Grimm.
Ya te expliqué que me acerqué a la herrería y que mi armadura no va a permitir a los golpes pasar. Si noto que me acechan, serás tú quien no se volverá a acercar.

No sé si traducirás mis letras o si el tiempo lo gastas en buscar otro plan, igualmente no busques muchas palabras nuevas, me desnudé ante ti de pies a cabeza y se esfumó el sentido de las cosas por contar.

4 ago. 2010

con el compás hacia el finito

Sólo contaba con la compañía de las farolas y de aquel tísico perro que caminaba sigiloso al son de los pasos de esas chanclas de todo a cien. Atento, con las orejas buscando el cielo, tal vez buscase la compañía de unas manos que le regalasen algo que comer. Pero ella no lo vio. Ese silencio nocturno había logrado que llegase a una abstracción extrema.

No era consciente de sus pasos; un automatismo sin procedencia aparente se había apoderado de sus piernas y caminaba sin rumbo fijo y sin saber muy bien por qué.

Sus neuronas conectaban al compás de X recuerdos, de X conjeturas y planes sin/con futuro que configuraban la semana que comenzaría dando la vuelta al seis.

Sólo se producía en su cabeza la repetición constante de un nombre y una cara, de la sonrisa de esa lista de cosas por hacer.

De las manos que un día conoció en la lejanía y se volvieron cercanas y familiares en su piel.

De la locura de saber cuándo se acaba y que el paseo termine y comience donde se detiene aquel tren.