4 ago. 2010

con el compás hacia el finito

Sólo contaba con la compañía de las farolas y de aquel tísico perro que caminaba sigiloso al son de los pasos de esas chanclas de todo a cien. Atento, con las orejas buscando el cielo, tal vez buscase la compañía de unas manos que le regalasen algo que comer. Pero ella no lo vio. Ese silencio nocturno había logrado que llegase a una abstracción extrema.

No era consciente de sus pasos; un automatismo sin procedencia aparente se había apoderado de sus piernas y caminaba sin rumbo fijo y sin saber muy bien por qué.

Sus neuronas conectaban al compás de X recuerdos, de X conjeturas y planes sin/con futuro que configuraban la semana que comenzaría dando la vuelta al seis.

Sólo se producía en su cabeza la repetición constante de un nombre y una cara, de la sonrisa de esa lista de cosas por hacer.

De las manos que un día conoció en la lejanía y se volvieron cercanas y familiares en su piel.

De la locura de saber cuándo se acaba y que el paseo termine y comience donde se detiene aquel tren.

1 comentario:

  1. Pequeñaaaa!!! Volví a leer tu blog!!! y como quieres opiniones me quedo con la del 21/07 y la del 25/07.... :)

    Paula.

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