17 abr. 2018

Ya has contado hasta tres

Hace tiempo la guardaba en una caja sin más preocupación que la de tenerla a mano si la cosa se ponía fea. No le limpiaba el polvo, no le contaba cuentos, nunca la regué. Al fin y al cabo, siempre había pequeñas cosas que hacían que la caja no pudiera ni cerrarse. Días, semanas, meses, años, encontrando sin buscar, recibiendo sin pedir.
Días atrás, semanas, meses, no años, tuve que acudir a ella con cierta urgencia. Con la ansiedad anudada al cuello y el agua subiendo desde los tobillos. Agua ascendiendo en cascada cuando descubrí que era posible que siempre hubiera tenido fecha de caducidad o fuera víctima de la obsolescencia programada.
El agua ha persistido en su ascenso y creo que no me queda rincón del cuerpo sin escamas.
Ahora me encuentro perdida, no soy pez, mi medio no es el agua. Aunque siempre fui mujer de recursos, de ganas hasta bajo las costuras, hoy camino desesperada en busca de Pulgarcito, destruyendo su rastro en el intento capturar las migas que rellenen mi cajita hasta que consiga una nueva. Relleno de pega, como el de los abrigos malos de invierno o las almohadas a base de bolas. Pero, ¿cómo se hace si no?

2 mar. 2018

Mi calle es un Estado

Qué bonito es encontrarse con la ternura.
Ella, despreocupada, escuchaba música en el vagón mientras custodiaba su maleta. Las alas le permitieron cruzar el océano para entregarse a la lluvia de Madrid. Su semana empezaba en viernes cuando la puerta se abrió.
No dudó ni un instante y en su tez morena se dibujó una sonrisa mientras se incorporaba de su asiento.
- Siéntese, por favor. - le dijo
- No, no quiero molestar - contestaron dos ojos pequeños y tímidos, bajo las pestañas blancas de la experiencia.
- Por favor, insisto, no es ninguna molestia.
- Muchísimas gracias, de verdad. - se iluminó - ¿De dónde es es usted?
- Yo soy de México señor - contestó con los ojos cargados de ternura.
- Ah, ¿sí? Mi calle se llama como un Estado mexicano, pero mi cabeza me juega malas pasadas y no soy capaz de recordar cuál.
- Pues hay 32 señor, así que no será fácil adivinar - contestó la sonrisa perenne.
- ¿Sabes? Yo amo tu tierra. Admiro profundamente a Cantinflas - y la sonrisa de ambos se convirtió en historia.
Es muy probable que nuestro amigo de pelo de nieve y la curva de los años en la espalda duerma junto a su carro de la compra en alguna esquina esta noche. Es probable que el portal, el cajero o la esquina que escoja sean invisibles para tantos y tantos que pasarán frente a él. Pero el calor de sentirse querido, comprendido, acompañado; por unos instantes, por una extraña; lucharán para hacerse fuertes ante las pausas de su memoria.

28 feb. 2018

Agua en el asfalto

Cuando el cielo escoge el vestido gris la pereza acumula coronas. Hoy he salido a la calle con las botas de agua, el paraguas a topos y las sábanas destrozadas. Pobres. Se han quedado llorando en la habitación, pensando por qué no son el Plan A en días como el de hoy. Esos días en los que el suelo del autobús está empapado, cuando llevar un cordón desatado se convierte en drama y el choque de paraguas es una constante en Fuencarral.
Esta noche, el señor del tiempo volverá a ser el malo de la película y el Sol lo verá sonriendo desde su sofá.

7 feb. 2018

De espaldas

La vida quiso encontrarnos. Ponernos en paralelo, en perpendicular, boca arriba, boca abajo, pero nunca de espaldas.
Pero se le antojó rascar lejos en el mapa, como si un pájaro fuera a resolverlo todo.
Ayer fue un día más. Ni más ni menos duro. Pero tampoco estabas cuando entré por la puerta, ni mientras preparaba algo de cenar y deseaba que fuera para dos. No te encontré cuando quise repartir una cerveza en un par de vasos, ni en el momento en que el sofá de resignaba ante una nueva descarga de día sobre él.
Y, sin embargo, qué cerca te siento. Qué próximo el momento en que celebremos que el dorado solo abarca un punto del mapa. En el que los buenos días no se retransmitan a través de 4G. Cuando las buenas noches se conviertan en un beso en la mejilla y no en una vuelta sobre la almohada.
Ese momento en el que algo no habrá cambiado, y es que seguiremos sin estar nunca de espaldas.

18 dic. 2017

Regreso

Hola de nuevo. Hace varias semanas que no paso por aquí. Es curioso, porque siempre dije que, cuando más escribía, era cuando estaba atravesando un momento complicado. De hecho, siempre he sostenido (y sostengo) que los grandes cantautores y poetas llevan melancolía y dolor en sus venas.
Perdóname, porque no creo versos ni canciones, pero si no he venido a verte es porque una de esas fases en blanco y negro fue cabeza de cartel.

Bisturí y tus mayores miedos al descubierto. Nunca estuve más desnuda, y no fue por ese trozo de tela de la vergüenza que te dan en el backstage. Toda una carpeta de papeles por el suelo y un futuro al que se suman plástico y metal. A partir de ahora somos Mobi, yo y mis circunstancias.

He rehecho la agenda prescindiendo de lo que no fuera calidad y calor. No me sirve un teléfono mudo en momentos donde llegan a faltar el aire y las palabras, así que he confeccionado la lista de invitados a mi fiesta de la vida una vez más. De algo tenía que servir un momento como éste, ¿verdad?
No hace falta que preguntes.
Sí, por supuesto, tú estás invitado.
Gracias por esperar mientras yo desesperaba.

17 oct. 2017

Publicidad engañosa

Aprendí muchas cosas en la escuela, pero ningún maestro me enseñó cómo enfrentarme a un hoy como éste. No recuerdo el día en el que preocuparse estaba sobrevalorado, en el que la salud no era un tema y la muerte más trágica era la de Chanquete. 
Cuando medimos apenas un metro solo soñamos con hacernos mayores, pero ahora entiendo que solo lo hacemos porque nadie nos cuenta la realidad de cómo será aquello. Es como pretender descubrir el mundo gracias a un crucero y terminar viendo cada destino desde la cubierta. Es conseguir tocar el cielo tantas veces como terminas arañando el suelo. Es terminar viviendo con la marcha corta puesta por miedo a perder el control del volante. 
Solo se me ocurre una solución para todo esto: seamos más niños para sobrevivir a ser mayores. 


13 oct. 2017

Reflexiones bajo los focos

Esta noche te imagino rozando las estrellas con la punta de la nariz. Ya lo has hecho muchas veces bajo el techo de Madrid, aunque esta vez no se trata de faros de quita y pon. Brillarán para ti hasta que salga el sol.
Pienso si el peso que me acompaña sería suficiente hoy para proteger tu piel. ¿Cuántas plumas son necesarias a miles y miles de metros?
Y aquí estoy yo, bajo las estrellas que me han visto crecer, preguntándome cómo se consigue no echar de menos lo que podría ser. Abrazando en sustitución. Llenando a medias la habitación. Invitando a la cama a la reflexión.

Sorteando la desesperación.
Porque el que espera, desespera.
Y yo no quiero desesperar.

11 oct. 2017

La culpa sin nombre

No puedo evitar culparte. Por volar lejos de nuevo, por disfrutar de docenas sin mis manos, por poner barreras incluso a mi voz.
No puedo evitar culparte. Por huir del Prólogo del libro de la década, por decidir que es mejor con diez que ser dos, por pensar en qué regalarme en lugar de ser tú el regalo.
No puedo evitar culparte. Por huir al pico más alto, por dejarme a mí en lo más bajo, por seguir sin llenar mi hogar.
Te culpo aunque no te lo diga. Pero aunque no te lo diga, lo sabes.
Te culpo aunque no quiera. Y aunque te culpe, te quiero.
Te culpo aunque no lo merezcas. Y es que igual soy yo la que no te merezco.
Ahora la que se culpa soy yo.