25 jul. 2015

Por los aires

Voy surcando los aires con la negatividad por capa, propia de quienes tenemos tantas ganas de vivir que tememos que la muerte nos sacuda en cualquier esquina. 
Me imagino ese momento en el que sabes que el bolígrafo ya se inclina para marcar con carmín - seamos delicados - un punto y final. Si gritara con todas mis fuerzas, ¿sería una caja negra capaz de transmitir a los que quiero cuánto pensé en ellos? ¿Cuánto sentí el perenne sufrimiento que la mala suerte les había comprado de regalo? Porque quien se va teme subir el siguiente escalón, pero cuánto duele saber que ya siempre faltarás en el primer piso cuando sea la hora de comer. Sin anestesia. Sin morfina. A pelo.
Siempre he querido pensar que cuando alguno de mis medios corazones haya alquilado un hogar con forma de nube, me avisará con tiempo suficiente para que juntos pensemos en cómo será, logremos que el viaje sea lo más placentero posible - "Abróchense los cinturones y relájense" dicen por aquí - y podamos sonreír tanto y tanto a los recuerdos de todos los para dos. 
Curioso. Turbulencias. Estamos atravesando un banco de niebla, de esa que en julio solo podría significar mala suerte. Y yo estoy más tranquila que nunca. Sé que hoy no va a ser el día. Tengo tanto que dar que es imposible que se evapore en el aire mediterráneo. No nos hemos besado lo suficiente. No hemos saltado juntos hasta desfallecer. El sabelotodo de Google no tiene las ubicaciones necesarias para poder afirmar que nos ha controlado juntos. No hemos chocado dos cucharillas en tantos pecados como nos merecemos. Ninguna red social ha sido capaz de conseguirnos tantos likes como el nivel al que a nosotros nos gustó - y nos gustamos -.
Sí, hoy me siento afortunada. Voy sentada en un avión que no deja de temblar y solo soy capaz de sentir felicidad. Es curiosa esta terapia de lanzarte a escribir para intentar abstraerte de tus miedos y acabar siendo más consciente que nunca de lo que sientes. 
Siento tanto... Tengo tantos por los que sentir... Que no sé si será un vuelo doméstico o transoceánico lo que viviremos, pero aseguro reservar en business.
Viajad, viajad mucho. También literalmente. 


22 jul. 2015

Ozono y Sal

Hoy el cielo suda en Madrid. El agonizante Ozono huele a cansancio, a nervios, a desesperación. 
Se siente la ciudad que hace semanas que no duerme y que esconde tantas desgracias como gente capaz de soportarlas. 
La vida pesa. Pesa tanto como las nubes cargadas de impaciencia y de agua inevitablemente salada. Sal de los vecinos ojos que las miran. 
Truena. Truena tan fuerte que nunca te escucho llorar. Y aunque sé que gritas sin necesidad de mayúsculas, los rayos te acechan tan salvajes que si no fuera porque vidas solo hay una jamás alcanzaría a abrazarte. Ya estoy estudiando cómo coronar el edificio condenado a muerte por China y he guardado el pararrayos en la mochila.

8 jul. 2015

Sin rastro

Que el olor decidiera no permanecer en el nido no es casualidad. Cada uno decide qué ir perdiendo por el camino. Al igual que cada cual elige con qué llenar el último recoveco de su maleta. Aunque se repitan los cuarenta grados yo seguiré llevando calcetines.

4 jul. 2015

La mujer de verde

Se va. Se evapora. Ahora vive, de pronto expira. Y la vida pierde al líder de los sentidos.
Vida, sustantivo, femenino, singular. Todo lo sustenta, aunque con el género es fácil discrepar. Pero si es algo es singular.
Y es que cuando una termina, todas las demás continúan, aunque sea llevadas por la inercia.

Nada acaba para quien no ha acabado. Pero todo se extingue cuando la toalla besa mármol. Por eso nunca hay que despojarse de los guantes de boxeo. Y que gane el combate la que va de verde. Creo que se hace llamar esperanza.

22 jun. 2015

Ley Murphdaza

Con un café sin hielo te sonrío que hoy quiero que me odies.
Ódiame hasta que tus gritos fulminen las cuerdas vocales por las que trepan los simios.
Aumenta la intensidad hasta que sea letal y todo se impregne de tinto.
No pulses el Pause aunque me haga pedazos, ni el Stop si te desangras conmigo.
Ponte los cascos y sube el volumen hasta que los tímpanos estallen de unísono.
Araña con furia la línea que nace en mi ombligo y muere en el sexto sentido.
Ódiame. Fuerte e intenso. Tóxico y nocivo. Sé droga y rabia. Sé puño y castigo. Puñal y mordaza. Daga y espada. Cruelmente abusivo.
Haz lo que te digo y, entre dientes y en Inverse, seguiré implorando que me odies.





26 may. 2015

De mangas y polen

El viento hace tener prisa a esa mota de polen desorientada. Corretea y gira en un sinsentido, un bucle sin principio, fin o trayectoria. Y ya se ha hecho dueña de mis ojos.

Segundos después. Minutos, quién sabe. Despierto sin haberme dormido en este banco que suda los primeros rayos del impaciente verano. Qué bonitos aquellos años donde el calendario se coloreaba de cuatro estaciones y las semanas se medían en helados o tazas de chocolate.


Yo siempre fui una enamorada de la primavera. De las cosas que nacen, que emergen, que se colorean. De los huevos Kinder. De los chicles ocultos bajo Chupa Chups de fresa. Será por eso que permito que tantas cosas nazcan y crezcan. Dibujo las curvas de mi vida a base de ciclos de mariposa. Tan bellos y tan fugaces que nadie desearía que tuvieran el fin tan inevitablemente cerca. Pero quién dijo que ser capaz de dar vida no fuera uno de los Ases guardados en La Parca.

8 may. 2015

Fayenza

Eres de vidrio. Nunca supiste todo en lo que podrías llegar a convertirte porque tu vida siempre transcurrió en invierno. Quién lo iba a decir, cuando entre tus cortinas cada día se escurre el sol. 
Solo necesitabas un poco de calor para descubrir que eres maleable y que contigo se pueden crear figuras preciosas. Siempre estuvieron escondidas entre tus desordenadas moléculas, esperando a que alguien completara el cubo de rubik y las dejara nacer. Probablemente pensarás que te descubrí, pero yo solo fui quien encendió el mechero Bunsen que llevabas en el fondo del bolsillo. El día en que tus incorruptas manos descubran el código que activa la llama, llegarás a olvidar el lúgubre frío por debajo de los 600ºC.

19 feb. 2015

El precio justo

Camina con las manos en los bolsillos y los cascos en modo cantautor. Su altura siempre le permitió mirar por encima del hombro del montón, aunque sus ojos siempre prefirieron admirar desde abajo. Y aunque nunca le inquietaron demasiado las ideas que llevaran su nombre, todo vaso termina por rechazar una gota.
Se cruzó con aquel rabillo del ojo que siempre se dilataba a su paso, pero no encontró reacción. Actualizó una y otra vez el contenedor de mensajes maldiciendo la tecnología, pero no había problemas de red. Y cuando se miró en el espejo descubrió que hasta el reflejo había decidido esfumarse aquel día. 
Qué era lo que ocurría. Tal vez su vida tenía una fuga por la que se había escapado el sentido, y todo el mundo sabe que hay seis sentidos y que sin cinco se puede vivir. Puede que su eterno inconformismo le hubiera llevado a ser la reina de las conformistas y que buscara, de pronto, la comodidad de cualquier sillón con vistas. ¿Y si la ambición ya no salía rentable con el cambio de divisa?