19 dic. 2016

Melatoless

No sé qué ocurre en mi cabeza las noches en las que el sueño decide esquivar mis sábanas. No le importa si recurro a ayuda de terceros. Ni si devoro tinta triste para no pensar. Tampoco las notas azules son capaces de atraer los bostezos de verdad. E ignora el titilar de las llamas frente a las estrellas.
Agua caliente y aromas, larva de algodón. Hasta que Oniria conquista a Insomnia por un par de insignificantes horas.
Y vuelta a empezar la vida. Y vuelta a sobrevivir al día.

10 dic. 2016

Cuando se acaba la semana y yo con ella

No, no me gustan los fines de semana que me recuerdan que estás lejos. Ni los que tratan de convencerme de que no es para tanto. Ni los que se esfuerzan por asegurarme que no se está tan mal así. No. No me gustan.
Detesto los que se llenan de fotos tuyas a cientos de kilómetros de distancia, los que se cuentan llegado el domingo noche.
Me importa un carajo que me digan que es precioso encontrarse en mil lugares diferentes, recorrer geografías desconocidas, bailar en cimas de larga distancia.
Yo quiero que estés aquí. Que cuentes conmigo, las horas, los días, los lunares. Que no te escapes. Que traigas mi día. Que aparezcas mi noche. Que desaparezcas mis sombras.
En definitiva, que me gusten todos los fines de semana.

27 nov. 2016

Vagón silencio

El cielo se ha roto en mil pedazos. Me pido ser la artífice de semejante catástrofe natural y, ya que estamos pidiendo, libre para exagerar.
Las noticias no siempre se sirven en plato de porcelana, pero lo importante es comerlas con determinación, aunque tenga que ser con las manos. Cuánta potencia pueda llegar a adquirir el miedo no es relevante, lo que cuenta es cuántas sonrisas eres capaz de producir por minuto para combatirlo.
No hay mejor generador de poderosas sonrisas que las manos de quien siempre te dirá que estás suave, aunque hayas despertado en un iglú en medio de Andalucía, o que hueles a pequeña, aunque tu humor sea más propio de quien ya presume de un buen catálogo de arrugas. Por eso duele reconocerse gris, sentir que haces ásperas esas manos, que aunque puedas justificarlo jamás deberás utilizar el camino fácil. Porque no se lo merece.
Todo esto es lo que hace el tren más silencioso, y no que hayas cambiado tu billete por uno en el vagón silencio.
Pero no te preocupes, porque la suerte ha querido que, en cuanto desdibujes de nuevo el trayecto, vayas a seguir cantando.
La suerte, bendita y desgraciada suerte.

22 nov. 2016

Alrededores

Ya, ahora sí, ya está aquí el otoño. El cielo se ha puesto el abrigo y al Sol le han concedido jornada reducida.
Hace algunas horas (cada uno cuenta el tiempo como quiere) pisábamos los charcos del centro estrenando lo húmedo de las baldosas.
Hacia arriba, solamente un trozo de tela verde con lunares oxidados. Hacia el frente, esta ciudad que se convierte en eterna los sábados. Hacia atrás, un recuerdo nuevo para el próximo peldaño. Hacia un lado, desconocidos compañeros de escenario. Hacia el tuyo, la partida en la que me juego el futuro a una sola mano.

22 oct. 2016

Y me llevo una

Hoy he soñado contigo. Normalmente lo hago despierta, 24/7, pero esta noche decidiste hacer guardia, como si de pronto no hiciera falta la cobertura.
He soñado que estábamos en Serbia. Fíjate, Serbia. ¿Cómo es posible recrear en un sueño un lugar en el que nunca has estado? Pues nosotros estuvimos hace unas horas. Volando por sus calles. Sí, volando.
Serbia y volar. Dos conceptos tan lejanos como ahora me resulta volver a verte. Solamente han pasado diez. Aún debemos contar hasta veinte.
Y después quién sabe hasta cuántos. Y de eso va la vida, de contar para poder seguir contando.

2 oct. 2016

Dolor de sábanas

Aún no habíamos clavado la chincheta en el mismo punto del mapa y ya te echaba de menos. Echaba de menos que recordaras el primer día que decidimos jugar y que sufrieras déjà vu de felicidad. Que te gustaran los lunares que yo borraría y que me hicieras sentir que nunca llegué a crecer.
Imagina qué ocurre hoy, cuando ya compartimos tiempo y tempo. Cuando tus abrazos y las galletas holandesas son la más efectiva de las terapias. Cuando los domingos el Sol se pone la bufanda en cuanto pasas Avenida América.
Hoy el Sol ha sacado los guantes y aquí estoy una vez más, junto a la chimenea de las letras, que pedían libertad. Esta noche, que las sábanas duelen a ti.

18 sept. 2016

El reinado de las comas

No me digas que no es bonito,
haber pasado 365,
que las manos se quieran aún más cerca,
que los besos se deseen en jornada laboral.
No me digas que no es bonito
que de nuevo hayamos huido
al primer sitio donde nos quisimos
fuera de zonas de seguridad.
No me digas que no es bonito,
que el castillo no se haya caído,
que el Sol caliente en septiembre
para que podamos saltar.
No me digas que no es bonito
que todo y nada tengan sentido,
que ni una granada se resista
a acabar en tu paladar.
No me digas que no es bonito
rendirse a la corriente del río,
que el agua se deslice con fuerza
mientras nadie debe mirar.
No me digas que no es bonito
que sin habernos despedido
ya nos echáramos de menos
y empezáramos a contar.
No me digas que no es bonito
dibujar otro punto y seguido,
sin dejar de pensar en el día
en que las comas puedan reinar.

16 ago. 2016

Cuaderno de vida-cora

Todo pasa. Todo acaba. Estuvimos en lo más alto para vivir aún más fuerte. Y lo hicimos.
Los minutos se balancearon a ritmo de ferry y el Adriático vio tantas veces agitarse nuestras piernas que soñó con convertirnos en sirenas. Y yo me sentí como si también hubiéramos saltado desde aquel puente que une a Tara y Halebija. Ése que yo misma reconstruiré para que haga lo mismo con nosotros.

Hoy, que la realidad obliga, yo ocupo la mente pensando cómo se dibuja la felicidad en un diario.