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Maná

Hace solo algunas horas escuchaba desde la planta donde se cultivan los sueños cómo reían los que los riegan. No pude evitar pensar en cuánto lo echaría de menos 24 horas después, en medio de una ciudad cubierta por las partículas que nadie quiere. Llena de gente que no quiere.  Ya han pasado 36 y la inercia me lleva a condenar mis pasos al subsuelo en el que se entierran los sueños. La cola que rueda y rueda en una carrera hacia el mundo de “Nunca Jamás serás todo lo que imaginaste”. Identidades procedentes de mundos en desuso en busca de la Tierra Prometida que se esfuerzan por no claudicar ante la realidad que creen que eligieron. 
¿Y ahora qué? Sonrisa y pellizcos en las mejillas, que no se diga.

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