2 may. 2016

Historia de una maleta al borde de la explosión

Una vez más, viaje de vuelta y, de nuevo, la maleta reposa aún más llena tras sus últimos días de trabajo.
Seguimos demostrando al mundo que no hay olas que nos frenen, ni viento que nos haga volar sin control. El control solo lo perdemos cuando pulsamos el botón y cerramos las puertas al exterior. Si las hay.
Quiero perder de todo, menos el tiempo, contigo. Quiero perder la vergüenza, quiero perder el amor (propio), quiero perder el teléfono, quiero perder el reloj. Quiero que seamos inmarceables.
Quiero perder el miedo a reconocer que no tengo remedio, que estoy condenada a ti.
Y que bendita condena.

29 abr. 2016

Catorce

Catorce son cuatro dedos de más. O seis de menos.
Son siete pares de huevos fritos. Son los kilómetros que nos separaban de la tortilla de los viernes.
Catorce es la hora de comer. Es el día elegido por El Corte Inglés.
Catorce es febrero sin hacer parada en diciembre.
Catorce es vecino de dieciséis, salvo saltos de acera.
Catorce son las horas que quedan. Catorce.
Tictac tictac.

16 abr. 2016

Sin maletas

Allá voy, con la maleta cargada de incertidumbre y el estómago en guardia preparado para el looping. Mientras aparecen ante mí mis adorados Campos de Castilla, pienso en que nada ocurre ni pronto ni tarde, sino cuando debía ocurrir. Por eso te encontré lejos de nuestro origen pero cerca de los nuestros. Para que siempre tuviéramos una gran historia compartida y un lugar coloreado en rojo por muchos en el mapamundi. Y es por eso que, mientras en el calendario transcurrían la estaciones, de un 19 a esta parte no conozco más que el verano.

Allá voy, y he perdido el equipaje donde guardé el «qué pasará». Porque da igual lo que pase, mientras en el billete aparezcan tu nombre y el mío.

27 mar. 2016

Brasas en la nieve


Respirar aire de marca; observar el mundo desde arriba; sobrevolarlo sin alas; caminar sin límite ni destino; reír hasta tener que pisar el freno; comer con los ojos cerrados; estrenar nuevas arrugas en la piel; sentir agujetas en el corazón; saborear fruta con zumo de naranja; paladear chocolate al Sol del Pirineo; despertar con las brasas a pleno rendimiento; probar algo nuevo, siempre algo nuevo. Haberte encontrado. 
Eso es vida. Eres pura vida.






21 feb. 2016

Abracadabra

Cayó la noche y competimos. Quién sería el primero en ver encenderse cada monumental estrella.
Rodeados de voces y flashes logramos estar solos, en aquella burbuja de capuchas, chocolate y brazos de calor.
Anocheció, y el cielo se encendió de vergüenza al vestir las lentejuelas de la noche anterior. Y en ese momento, sin que el mundo necesitara escucharlo, ocurrió. Y se confirmaron todas mis sospechas. Y sentí cumplirse una vez más el mejor de mis sueños.
Tu varita mágica es una infusión a las 9 de la noche, un brazo incansable de almohada, cientos de kilómetros para hoy echarnos un poco más de menos, un par de naranjas para desayunar, un buen puñado de besos en cualquier ciudad de España o una paella en lugar de sopa castellana.
Eres mago. Eres mágico. La vida lo es.

26 ene. 2016

La vida sabe

Así brillaba la luna aquella noche. Plena y resplandeciente, miraba fijamente el paréntesis que dibujaste con tus brazos y yo, sin pensarlo, puse mi nombre en el buzón. Sentí correr en mí toda la fortuna del mundo con cada lágrima que recogiste y pedí a la suerte que continuaras venciéndome al tres en raya, que no soltaras mi meñique mientras superábamos todos los objetivos y que nunca dejaras de robar centímetros en mi colchón.
Porque la vida contigo sabe a café con hielo y sol, a queso francés en vinilo, a crema, a piel, a Carnaval. Sabe a impaciencia. Sabe a mar. Sabe a mundo.

Suma y sigue.

20 ene. 2016

Hacia arriba

Pienso en ti y veo mermelada de naranja en la punta de tu nariz. Y me veo a mí riéndome una vez más, aunque se celebre bluetuesday en Madrid. 
Descorcho una nueva botella de champán para celebrar que te echo de menos y que lo sabes, aunque invierta en ello menos voz de la que debería. Aquí está mi voz. Viajará en forma de enlace hasta tus ojos y se convertirá en lectura para antes de dormir, igual que lo son mis historias de cojín - sin g - cada noche. 
Y es cada noche cuando pienso en lo favorecedor del color vela cuando se proyecta perpendicular a ti, en el síndrome de abstinencia que siente mi espalda desde el último encuentro con tus manos y en lo bien que sonará la música en blanco cuando se escuche entre dos. 
Siento vértigo al escalar otra pared que no sea la que acaba en tus pestañas, pero hemos venido a jugar. Haremos cumbre. 

10 ene. 2016

Invierno dulce

El cielo amenaza con llorar Terry y una señorita ofrece cascos para no pensar. Las teclas son el único escape tras cuatro días en un sueño y uno completo imaginando un infinito entre olas y holas, entre sol y letras, entre acordes y sonrisas con código de barras internacional. Un futurible que huele a orgánico, que sabe a sal, que suena a huevo dando en la diana, que tiene el tacto que dejan los frutos rojos y que aparece ante mis ojos únicamente oculto por el telón del miedo.
Que ya no imagino unos ojos menos rasgados incapaces de detectar sonrisas asimétricas. Que quiero dar saltos en el barro y que siempre tengamos ganas de siesta. Que me gustan las casas con corteza, las bayetas amarillas y hasta la leche de almendras para desayunar. Que quiero que imaginemos hasta que ya no haga falta imaginar, porque eso querrá decir que solo es una cuestión de tiempo. Y tiempo tengo todo el del mundo guardado en un sobre reciclado, para que lo vayas cogiendo a puñados con una mano mientras me llevas de la otra.
Para que conste y por si no estaba del todo claro: no pienso soltarte.