15/10/2014

Parada Solicitada

Lloraba Madrid. Mi paraguas sudaba rítmicamente en aquel autobús lleno de bocas mudas, ojos clavados en pantallas y dedos susurrando palabras que nunca conocerán voz. Y allí estaba ella, una vida más aparentemente atrapada en las redes de la rutina. Se balanceaba a merced de los baches de la Castellana, los que cada día ponen música de fondo a las letras que acompañan mis idas y venidas. Desde mi asiento yo observaba aquellas barras, pensando que nunca nadie las usará para bailar. Cosas del destino. Y mientras yo ocupaba la mente pensando de qué metal estarían hechas esas barras, ella se agarraba a una de ellas como si lo hubiera hecho siempre, como si ese autobús fuera su zona de confort, mirando hacia la puerta con lo que yo interpreté como ansias de libertad. Ahora sé que no era así.

Una parada. Dos. Una tercera. Finalmente, inspiró cuando la puerta se abrió. Y lo comprendí. No era el deseo de escapar, era la necesidad de aquel brazo que se extendió desde la acera cruzando la puerta. Ahí estaba él. Otro gran desconocido para mí, pero cuyo brazo izquierdo era la verdadera zona de confort para la chica de la barra del autobús. Del mismo modo que lo eran sus labios, que con ternura se rindieron al encontrarse bajo el techo de aquella marquesina frente al hotel de los coches caros. Y entonces pensé que no es el lujo lo que anuncia la insignia de las 5 estrellas.
Yo seguí mi camino. Un par de paradas más. Últimos segundos de canción. Se abrió la puerta, me imaginé un brazo y pisé la acera con la fuerza de aquel cuyos sueños no descansan ni a bordo de un autobús urbano.

8/10/2014

(Cine) mudo

Y qué quieres que te cuente,
si en estos caracteres no hay cabida
para todas las almohadas
que escuché mientras dormías
en tu tiovivo de inercia infinita.
De vueltas sin parada,
de paneles sin destino,
de noches que no conocen camino
con límite en mi espalda.
Y qué quieres que te cuente,
si las palabras se desnudaron de sentido
cuando vi que no llamabas,
que caminabas muy lejos de Salamanca
y apenas te importaba.
Si las notas que tiemblan sobre la cuerda
nunca suenan en tu casa.
Si las frases que nacen sobre mis piernas
nunca vibran en tus sábanas.
Si nunca es infinito,
si infinito es igual a nada.
Y yo no (te) cuento nada.

29/9/2014

En La Menor

Los meses que huelen a nieve entonan la banda sonora de tus copos. Únicos y extraños, frágiles y lejanos, maravillosamente ajenos como tú (a mí). Ya tuve septiembres de Piratas agónicos y despedidas sin mes preciso que resonaron entre mil párrafos. Sinsentidos tan sentidos que pretendieron desatar el pánico. Practicidad corrompida en itinerarios con destino impredeciblemente determinado. Y yo inmersa en una ciudad infinita y, como siempre, esperando sin quitarme los cascos.

22/8/2014

Desinspiración

Algunas veces a las 7 la inspiración decide esfumarse, como un amante del que crees conocer el nombre y que sólo deja de recuerdo una nota sin futuro y con su olor. Esa mañana con migas de música en que tú habrías robado los lunares sólo para raptar aquella noche eternamente fugaz, aquellos besos con sabor a promesa que dejan resaca en la piel. Y cuánto odiaste siempre la miel y los rastros de sangre encendida. 
La inspiración se evapora, como lo hace el agua en la bañera en las tardes de sol en que te quieres querer. Se diluye como el azúcar de aquel café que nunca tomaréis, o el humo del cigarro que sólo compartisteis cuando el aire olía a demasiados grados. 
Y así sigue la vida, plagada de piscinas en las que nunca te bañarás y de comedias que jamás serán capaces de dibujarte una sonrisa. ¿Y quién quiere inspiración cuando no la necesita?

9/6/2014

Óxido

A veces los sentimientos se te agarrotan sesenta días. Y luego ocurre como cuando la nostalgia pedalea sobre tu vieja BH y la cadena intenta llorar para dejar de sufrir.
En ocasiones los sentimientos ejercen su derecho a huelga y se esconden en alguna esquina de la palabra obligación, recostados sobre la inercia cero atornillada en un colchón de muelles.

Ocurre que el corazón se oxida cansado de chaparrones a deshora y de lluvia ácida de invierno. Maldita contaminación humana.
Y cuando el mes de las flores culmina y el verde se viste de gala, el rojo dormita entre las cenizas de lo que pudo ser y no fue, ni será. ¿Y quién habla de antónimos de felicidad?

11/4/2014

La eterna búsqueda

Así es la raza humana. Siempre aspirando a la realización personal, a esa plena satisfacción que nos venden en las películas a 3,90€ un martes por la noche, a esa sonrisa estúpidamente feliz que se dibuja en cada esquina de un reportaje de París.
Y no. Porque en el fondo todos somos una Amelie a falta de cinco minutos de proyección. Porque puedes haber logrado el que un día fue tu sueño y darte cuenta de que una línea en negrita en un papel con foto no es lo que te hace meterte sonriendo entre las sábanas. 

Así es la raza humana. Eternamente insatisfecha. Y quejarse es gratis señores, mucho más barato que un psicólogo, igual que escupir líneas en un blog.

31/3/2014

Home, sweet home

Hay lugares en los que jamás te sentirás en casa, por mucho que pegues fotos con celo en las paredes y enciendas tus velas favoritas un par de veces al día. Aunque utilices el mismo juego de sábanas que te acompañó en tu primera aventura en solitario y las laves una vez a la semana con el mismo suavizante que mamá. No importa si te tapas con tu manta de flores ni si abres un tupper con olor a maestría para comer. Tampoco los hogares se construyen por antigüedad ni porque al abrir el portátil veas una foto que habla de abrazos.
Porque un cuarto pequeño con un idioma extraño por banda sonora puede ser tu verdadera casa. Ese lugar donde te sientes extrañamente feliz. Donde el cariño toca tu puerta a diario a través de los nudillos de desconocidos que se convierten en tu familia en 48 horas - y tal vez exagere -. Y sí, puede que parezca enfermizo echar tanto de menos una historia de 90 días. Tal vez resulte complicado de entender que aquel 17 de marzo comenzara la etapa con tinta más permanente que jamás existió y que nueve meses después de haberlo visto por última vez sigas tan unida a él como el día en que lloraste en ese maldito avión. Y es que al llegar a casa junio llovía y tronaba y ahora lo entiendo todo. El país al que tanto adoro sabía que yo ya no era la misma y que esta tierra ya no era mi único hogar



30/3/2014

Papel y pluma

La vida la escriben las personas que pasan por ella. Escriben capítulos. Algunas incluso ponen el título a un episodio. O a dos. Hay quienes sólo son nombrados una vez y quienes aparecen tantas veces en la historia que se convierten en co-protagonistas. 
Amigas con las que comías tartas de chocolate para merendar y con las que nunca hablaste en inglés y a las que, aunque el destino haya construido carreteras y aeropuertos, tienes a tu lado día tras día gracias a un fragmento de voz. Otras a las que tu teléfono siempre tiene en llamadas recientes y con las que las conversaciones se cuentan por horas. Hay personas que te han visto llorar y han conseguido sin esfuerzo que sólo quisieras reír. Sabios trovadores de consejos sin horario de cierre. Gente que ha escrito párrafos interminables sin quererlo y que, aunque la tinta de su pluma fuera gris, nunca arrancarías ni una sola de las páginas. Otras a las que regalaste folios en blanco y sólo merecen acabar en la bolsa de papel para reciclar. 
Personas. 
Escritores de momentos. Creadores de recuerdos. 
Escultores de historias que repasas una y otra vez para que no mueran. 
Pintores involuntarios de escenas. Compositores de bandas sonoras de vida. 
La vida la escriben las personas que pasan por ella. Por eso hay quien siempre lleva un bolígrafo en el bolso, no vaya a ser que alguien se quede sin firmar en el libro de visitas.