30 jun. 2011

... alas


Revisaba aquellas hojas con la nostalgia de quien no volverá. Sonreía imaginando aquellas manos menudas desgastando lapiceros sobre cuadernos de papel. Aquella niña que tantas lágrimas obligaba a beber a la almohada no volvería jamás. Voló. Un día creció de verdad, llegó el momento de hacerlo. Guardó sus diademas en un cajón y se vistió con zapatos de tacón para dar un puntapié al mundo. Paso firme y de bolígrafo a binario se convirtió en mariposa. Ahora sólo espera que sus alas no sean invisibles.

28 jun. 2011

Sé que puedo zafarme de tus brazos, desengancharme de tus labios y despegarme de tu piel. Que podría observar tu espalda mientras te alejas paso tras paso y no dejar de disfrutar de la puesta de sol desde un asiento de copiloto. Que podría borrar de mi agenda la cita con tus manos un par de veces por semana y volver a odiar el café soluble como lo hacía ayer. Que borrar nuestra imagen frente a un espejo tras darte todo cuanto siento y sé tampoco sería un imposible. Pero tú que tanto sabes de palabras asentirás cuando digo que qué distintos son el poder y el querer. Y yo no quiero más que no tener que poder. 

24 jun. 2011

Punto y


Pasaría horas en ese asiento de atrás. Eternidades sólo rozándote la mano. Infinitos confesándome a golpe de tinto de verano. 
Jugué, gané y perdí. Me prometí un nunca y simplemente me mentí. 
Aquí espero a que me pidas algo que se convierta en la solución, en unos puntos suspensivos que borren el odioso fin. A que mi suerte vuelva a verme y me cuente que todo era una sucia mentira, una broma pesada, una tragicomedia que se desnudará de tragedia. 
Y ya no me acuerdo de cómo se montaba un puzzle. Litros de pegamento, por favor.

14 jun. 2011

( )

Estarás conmigo entre columnas y fontanas, aunque tal vez no lo creas. 





- Descansen de mí, llegaron mis vacaciones -

13 jun. 2011

Tres letras

Tú me observas a contraluz,
mientras yo voy a tu encuentro.
Por fuera mucho nos quisimos,
ayer lo hicimos por dentro.
Y se me quedan tan cortos los besos
cuando a tus labios, la mitad, los enfrento
que encerraría al reloj y perdería la llave
si así ganase, aunque breve, un momento,
para morderte y dejarte mi huella, locura,
en cada milímetro donde aún no lo haya hecho.




Aquí estamos al fin frente a frente,

nos hemos encontrado,
no hemos perdido nada.
Nos hemos recorrido labio a labio,
hemos cambiado mil veces
entre nosotros la muerte y la vida,
todo lo que traíamos
como muertas medallas
lo echamos al fondo del mar,
todo lo que aprendimos
no nos sirvió de nada:
comenzamos de nuevo,
terminamos de nuevo
muerte y vida.
Y aquí sobrevivimos,

puros, con la pureza que nosotros creamos,

más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos,
eternos como el fuego que arderá
cuanto dure la vida.

Pablo Neruda, Mi muchacha salvaje

11 jun. 2011

Más


Más cerca. 

Más minutos, más menos kilómetros, más menos lejos.
Más noches arrugadas, más palos de ciego.
Más manos, más piel, más locos los besos.

Se echaron más que nunca de menos.





Oh la boca mordida, oh los besados miembros, 
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo 
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina. 
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ése fue mi destino y en él viajó mi anhelo, 
y en él cayó mi anhelo, ¡todo en ti fue naufragio!

Pablo Neruda, La canción desesperada


6 jun. 2011

Charcos de cristal

A tientas tienta a la tentación.
Pero a solas le asola la soledad. 


Pasea vestida con sábanas de agua por donde nadie pueda hacer ruido. Con pasos vacilantes y mirada perdida no sortea los charcos. Los aniquila impasible y rompen a llorar. Y con cada nuevo paso sólo reclama un susurro, una mano en el aire o el tímido aplauso del latir de un corazón. Pero no hay nada. Y no cesa su automatismo infinito, incansable, imperturbable. O eso quiere pensar. 


(No) le gusta cuando callas, porque estás (como) ausente.


5 jun. 2011

Una tarde cualquiera

Estaba tan guapa
cuando fui a verla
aquella mañana
de un mes de abril.
Sabía que un día
aunque no lo quisiera
encontraría sus ojos
sin rendirme a dormir.
Y allí estaba ella,
con la cuchara inquieta,
persiguiendo la espuma
que no logró huir.
Miraba el reloj
alargando la espera,
mientras yo, escondido,
ansiaba decir,
que sin pensarlo haría
que el reloj sucumbiera
a eternidades de fresa
que por ella escribí.

De pronto sonríe,
alza la cabeza
y sus labios se entregan
al muchacho de añil
que enreda sus manos
en su blusa de seda
y sin saberlo me arranca
las entrañas a mí.

Cobarde y a trozos
me doy media vuelta
y grito al silencio
y el silencio a mí.

Eternidades al aire
y vuelta a vivir.