25 jul. 2011

probabilidad

Dibujaba círculos en el agua con aquellos diminutos pies. Escribía sinsentidos en la arena con la punta de un alfiler. Esculpía imposibles de vapor con su manía de querer. 

Soñaba, ¡cuánto soñaba! Intenté que se rindiera y, con los ojos tímidos por el sol, suspiró: "No son imposibles los improbables". Y construyó su propio Muelle de San Blas.

19 jul. 2011

...de óxido y hormigón o la ventana que nunca se abre


Arañaba los barrotes con las uñas. Ya perdió toda dentera, demasiados años viendo al óxido devorar. Caminaba lentamente; dos pasos, giro; observando el hormigón que siempre acompañaba sus noches, absorbía sus lunas y carcomía su corazón. Aquel suelo que acunaba sus sollozos noche tras noche y congelaba las entrañas del poco cariño que se aventuraba, cada quién sabe cuanto, a nacer. Y continúa esperando entre esos cuatro muros infranqueables la libertad sin destino ni retorno, sin un dónde ni un ayer, sin mañanas ya bordados ni racimos de porqués.

17 jul. 2011

Historias de jardín

Me impediste ver el sol unos instantes y hasta las piedras me sintieron estremecer. Ni un fragmento de piel quedó impune. Con los rayos arañando tu espalda me explicaste sin verbos que los límites se evaporan si se trata de sentir, aunque aceche la fecha de caducidad. 


"Lo mejor aún está por venir"



Me conformo con bailar
un rato con la felicidad
cantarle un blues, meterle mano
que me de un toque.
Empezar a asimilar lo raro que es todo si no estás
andar así no hay bicho humano que lo enfoque.
(...)

Pereza -Dos gotas

12 jul. 2011

efímero



Le conté que las horas discurrían perezosas, se deslizaban a trompicones buscando el momento idóneo para morir. Ellas lo llamaban nacer.

 


Resulta incomprensible que ciertos tesoros que protegiste con tanto recelo puedan perderse con la misma facilidad con la que se tiran los segundos a la basura - me dijo.

Y la puerta gritó.

11 jul. 2011

Días de cine



Lo que me inspira desde hace cerca de cuarenta y ocho horas pretende intoxicarme, introducirse en mi mente como un virus y empañar todas las historias de pieles encendidas que mi destino (o tú) me permitió escribir. Insiste en torturarme lentamente, arañarme las entrañas y engullir dentellada a dentellada mi corazón. Bien me conocen quienes saben que siempre desprecié toda película que se firma con triste final. Y, con mi propio cortometraje, no iba a ser distinto.