31 may. 2010

En días como éste, en los que una pluma autómata solucionaría la carencia de inspiración, observo cada detalle, cada pigmento, cada forma... y los destripo con los ojos procurando encontrar algo que despierte a los diez. Pero no.
Nada.

¿A qué hueles? No me acuerdo. Supongo que la respuesta es tan simple como la de ese estúpido anuncio que pregunta por el olor de las nubes... Ése que intenta convertir en "agradable" algo que no lo es.
Supongo que transformar ciertas cosas reconforta... Y eso es a lo que yo me dedico, a transformar, a reinventar, a engañar(me)... Va a resultar que soy buena publicista... además de mi primera clienta-víctima.

Hoy tenemos un 2x1 en "no sé ni cómo estoy". A veces ni yo me entiendo.

"No escribo lo que pienso. Sino que escribo para saber lo que pienso". M. Foucault.

28 may. 2010

Realidad... (mi)

Captar la realidad es una habilidad. Plasmar la realidad es un arte. Transmitir la realidad, todo un reto. Convertimos ideas en letras, pero, en última instancia, no son más que eso, ideas. Mi idea es mía, pero puedes hacerla tuya. Mi idea es tuya. Ésa es la razón de ser del arte.

Intenta traducirme. ¿No es imposible? Y… ¿no resulta maravilloso?

Nunca me gustó lo simple.

26 may. 2010

Repaso de sintaxis

En ocasiones, los complementos son esenciales en la oración. Imprescindibles para el sujeto.  ¿Un ejemplo? Muy sencillo. Algún día, seré complemento indirecto; un "a quién", un "a mí"...

Cojo un bote de pintura. Algunos utilizan harina para engañar al photoshop y otros dejan abierta la puerta de sus casas en plena madrugada. Todo por un bote de pintura. ¿Ves cómo es importante el complemento indirecto? Qué triste es la vida de quienes giran, únicamente, en torno al sujeto.


De momento, rebajaré la pintura con agua.


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21 may. 2010

Lo invisible también se lee

No puedo abrir mi ventana, el viento se cuela fuerte; tan fuerte que se lleva todo por delante y la ceniza de ese cenicero que un día decidí que fuese gratuitamente mío vuela por toda la habitación.
A veces estoy al 20% y habitación se escribe sin H y con V y no estoy segura de ser realmente yo.
A veces la cama se vuelve lo más apetecible y cerrar los ojos, durante unas horas más, una tentación en la que me resulta complicado no caer.
A veces, siempre, leo lo que escribes, pero prefiero imaginar lo que falta por decir. Siempre me gustó leer entre líneas, donde todo vale, donde busco lo que quiero... y lo encuentro, aunque muy probablemente lo legible es lo único que existe en realidad. Será porque me gusta escribir en los espacios en blanco, donde nadie sabe lo que digo, únicamente yo y, tal vez, las pocas personas en el mundo que creen que conocen el engranaje de mis ideas. Escribo lo que pienso e, incluso, aunque no siempre lo parezca, suelo pensar lo que escribo. O no. ¿Por qué privar a las ideas de reencarnarse en palabras? Siempre disfruté de esos textos hechos con palabras sin sentido; sin sentido para quien los lee, pero hilados a la perfección por la mano que los permitió nacer. Con un sentido propio, personal, unívoco...
Lo cierto es que siempre guardo una cajita para mí, bajo llave, escondida de todo el mundo, porque es más fácil así. Mostrarme vulnerable nunca estuvo entre mis aficiones.

19 may. 2010

Quiero un título transparente

La luz tenue a veces ayuda. Sé que a ti te gustaba cuando encendía aquella lamparita con algunas letras chinas y se me iluminaba la cara de ámbar, mientras repetía lo poco que me gustaba la luz blanca de un hospital.
Lo cierto es que siempre me gustó el blanco, aún más lo transparente, y tú me resultas translúcido, o incluso opaco, como la puerta de madera que quiero verte abrir.

Nunca pedí poder traspasar los muros, siempre se me antojó más apetecible soñar con que algún día podría volar; más aún ahora, que he visto tantos lugares, pero sólo a través de la caja tonta, la que cambia los colores del rosa al azul.

También pensé en ser invisible. Para algunos puede que lo haya sido, pero nunca de verdad. Siempre pudieron chocarse conmigo y eso no es invisibilidad. Quiero ser intocable. Y lo soy. Siempre que quiero lo soy o, cuando quieren, parece que puedo llegar a serlo.

¿Y si pudiese leerte la mente? Muchos dicen que eso duele, más que todas las heridas que vi sangrar antes de convertirse en las marcas que reinan mis rodillas. Pero a mí me apetece tanto...

Y si sangro un poquito, ¿qué más da? Cinco litros... Eso es mucho. Creo que podría regalarte unas gotas.

15 may. 2010

Larva

Siento que sería capaz de trepar por tu pierna izquierda sin que te dieses cuenta, tan ligera como las palabras que me regalas y que, a veces, no logro entender.

Tal vez, podría incluso montarme en tu oreja e ir contigo a todas partes, sin que notases ni el más leve picor.

Incluso, creo que me acurrucaría en tus ojos y vería lo que tú ves sin que sintieses lo más mínimo.

Quizás pueda camuflarme en tu piel, en cualquier parte de tu cuerpo, y que sea tan imperceptible que pueda vivir toda la vida amarrada a ti.






Así de pequeña me siento. O así de pequeña me haces sentir.


Hola, estoy aquí.


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14 may. 2010

Un cuento para dormir

Pequeña, de tez blanca y nariz respingona, envuelta en capas y capas de mantas color pastel. La amarillenta luz de la lámpara iluminaba sus pequeñas pecas, ésas que tanto le gustaban a su padre y que le recorrían las mejillas de principio a fin. Su pelo, del color de la miel, se extendía sobre las almohadas dibujando curvas que se cruzaban como si fuese obra del viento moviendo un pincel.
- Voy a contarte una historia. - Le dijo su abuela mientras le recogía el pelo detrás de la oreja izquierda. - Un día me la contaron a mí y hoy, cincuenta años después, será el cuento que escuches antes de lograrte dormir.

- Es la historia de un castillo; pero no un castillo cualquiera, era el castillo más alto que jamás te hayas podido imaginar. Cada una de sus piedras pesaba toneladas y nadie pudo contarlas todas, todos se perdían en sus cuentas una y otra vez.
Un día, un precioso día, con un sol espléndido, una de las princesas se asomó por su ventana. Era una ventana no muy grande, pero sí lo suficente para poder ver el sol, sentirlo y, los que miraban desde abajo, decían que daba la sensación de que estaba tan cerca del cielo que la princesa casi podría tocarlo.

Lo cierto es que esta historia no tendría mucho que envidiar a los cuentos que te leo cada noche, de no ser por el final, pero continúo; ya llegará.

Tras observar el cielo durante algunos minutos, la princesa dirigió su mirada hacia el horizonte. Las colinas, con un verde asombrosamente brillante, reflejaban los rayos de sol como pequeños espejos y tintineaban como las estrellas tras ponerse el astro rey. De pronto, se percató de que algo se movía rápidamente en dirección al castillo. "Es un animal", pensó. "Algún caballo que se habrá extraviado y vive recorriendo los campos sin control". Y estaba en lo cierto, era un caballo, pero no se había extraviado, ni corría solo. En su lomo, aferrándose con fuerza a las riendas, viajaba alguien; aunque aún no podía percibir del todo su rostro, sin saber por qué, su corazón se fue acelerando. Se acercaba realmente rápido. De pronto, tras frenar en seco a no más de veinte pasos de su ventana, él la miró a los ojos.

Así fue como se conocieron.


Tres vidas después, como el jinete que se encuentra un castillo por casualidad, se volvieron a encontrar. Esta vez no había castillo, ni princesa, ni príncipe, ni caballo que montar. Solamente un bonito cuento que contar.

Día, sonrisa, historia, ¿fin?


Se miró al espejo, sonrío y abrió la puerta del portal. De un pequeño salto se plantó en la acera, ésa que tantas veces había pisado cuando la curva de su boca apuntaba hacia la barbilla.

Miró al cielo y el espléndido sol de las cuatro de la tarde acarició su rostro, inundó su cara y despertó su piel. Comenzó a caminar, rápidamente, hacia la derecha. Caminar hacia el lado izquierdo de la calle le recordaba demasiado a los "delunesaviernes", cuando el sol aún no había salido y ella recorría la acera con destino: el autobús. Cinco días exactamente iguales, sólo diferían en el nombre y en el tiempo que aún quedaba para llegar al ansiado sábado. Por eso, el lunes ya no era lunes, era "Quedan 4"... y bajando.

Era viernes. Pero era distinto. Hoy no pensaba permitir que nada le arruinase el día. Se puso los cascos y su música preferida, ésa que suena a alegría y a color anaranjado. Siguió caminando.

Podría acabar esta historia diciendo que algo horrible le pasó y acabó con ese día tan feliz... o que iba a cualquier parte a buscar al chico de sus sueños... o que le había pasado algo estupendo y, simplemente, quería sonreír al mundo por unas horas.
Pero hoy he decidido que no voy a poner yo el final, hoy te toca a ti acabar la historia. Empiezo a cansarme de los finales.

12 may. 2010

Día de gotas


No me gustan los días de lluvia. Sólo me gustan cuando, sin darme cuenta, me olvido el paraguas aquí. Odio los paraguas.

No me gusta el color gris. Siempre fui fan del azul, del sol, del calor. Supongo que en Túnez se estaba mejor. Túnez...

10 may. 2010

Siempre me gustaron los ejercicios de unir


Mi dedo índice hizo de guía y conté tus lunares uno a uno. Recorrí tu espalda, cada centímetro, cada milímetro... veintitrés.
Tienes tantos lunares como cromosomas el ser humano, como número atómico tiene el Vanadio o como la edad que yo tendré dentro de menos de un par de trescientossesentaycincos.

Fui siguiendo las curvas de tu espalda, motita por motita; dibujando tu nombre con líneas imaginarias, perfilando el mío intentando que nunca se borrase de tu piel.

Me gustaba pasar mi dedo por tu costado, conseguir que tu piel despertase de repente y que tú suspirases a la almohada, como queriendo decirle cuánto te gustaba estar así.

Más de una vez me dijeron que los suspiros se los lleva el viento, ¿o eran las palabras? No lo sé, pero no vueles tan pronto.

De nuevo día 1 de 7


Odio los lunes y los relojes de aguja, los comienzos de mes y la tortilla con cebolla. Me gustan más los sábados, los relojes digitales, el veintipico de cualquier mes y la tortilla de mamá.

La gente no sonríe los lunes y las bicicletas no son para el verano, mejor para cuando hay nieve.

8 may. 2010

El gran genio

El mundo está tan Tontaminado que las ideas brillantes aparecen en las Enciclopedias en el apartado de "Siglo NO XXI".

Afortunadamente, alguien se preocupó de que las genialidades, como ésta, nunca desaparezcan:

video



Neruda, G E N I O.




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5 may. 2010

Un mechero estaría bien


Los pedazos se deslizan por el aire, se tambalean, giran y parece que quieren volver a su forma original. Bailan entre sí intentando reconstruir el puzzle que son, el puzzle que habla de días mejores, o peores, en fin, de días distintos a hoy.

En lugar de volar podrían arder. Todo sería más sencillo. Desaparecer. En cuestión de segundos las llamas devorarían cada esquinita de recuerdos que intentasen permanecer aquí, o allí.

Cuando el pasado es ceniza, recordar es más difícil. Cuando es pedazos de papel, lo difícil es no caer en la tentación de reconstruirlo pieza a pieza.



Creo que la solución es viajar a Islandia antes de que el volcán se vuelva a dormir.

3 may. 2010

¿Y si me como el mundo con patatas?


A veces amanece y tienes que abrir los ojos. Entonces, cuando ves las rayitas de luz que entran por la ventana, piensas... Hoy me voy a comer el mundo. Pero te das cuenta de que el mundo es muy grande y que, aunque cierta serpiente sea capaz de comerse a cierto animal del tamaño de un caballo, tú no eres esa serpiente. Así que das una última vuelta en la cama, con los ojos de nuevo cerrados, y deseas volver a abrirlos y que todo sea como ayer. O como hace un año. O como en tu otra vida. Quién sabe. Ya no recuerdas cuándo las cosas eran como a ti te gustaba que fuesen, ni cuándo el aire olía a galleta y simplemente morder la vainilla flotando ante ti hacía que brotase en tu cara una sonrisa.
Tal vez el mundo fuese más comestible hace tiempo, cuando tu mundo eran sólo esos sueños que tenías cuando no pasabas del metro veinte. "Yo de mayor quiero ser médico". "Yo astronauta". Qué simple era llegar a la luna andando en bicicleta y operar a tu muñeca con la simple ayuda de un lápiz y las tijeras de cortar papel.

Cuando era pequeña siempre quise crecer. Ahora que crezco... creo que paso de las alas de mariposa. Sólo me queda encontrar la forma de que no sigan creciendo. De momento, cerraré los ojos, y mañana veré si tengo apetito suficiente para comerme los mundos de tres en tres.