26 may. 2011

saliva en los cristales

Edvard Munch, El beso junto a la ventana, 1892

Sólo tuvo que esquivar el cristal para recibir un beso mudo, de noche, de silencio, de hasta pronto. Y aunque leer los labios no era su fuerte no le hizo falta; con el sol del día siguiente los besó y sobraron las palabras. Y desde entonces esperó, cada noche, que un beso se colase a través de la ventana. 

3 comentarios:

  1. Viene tu palabra, a saltitos, a encontrar y besar al lector.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  2. veo cientos de besos clavados en tu ventana, que empieza a resquebrajarse.
    uno más.

    ResponderEliminar