2 may. 2016

Historia de una maleta al borde de la explosión

Una vez más, viaje de vuelta y, de nuevo, la maleta reposa aún más llena tras sus últimos días de trabajo.
Seguimos demostrando al mundo que no hay olas que nos frenen, ni viento que nos haga volar sin control. El control solo lo perdemos cuando pulsamos el botón y cerramos las puertas al exterior. Si las hay.
Quiero perder de todo, menos el tiempo, contigo. Quiero perder la vergüenza, quiero perder el amor (propio), quiero perder el teléfono, quiero perder el reloj. Quiero que seamos inmarceables.
Quiero perder el miedo a reconocer que no tengo remedio, que estoy condenada a ti.
Y que bendita condena.

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