26 may. 2015

De mangas y polen

El viento hace tener prisa a esa mota de polen desorientada. Corretea y gira en un sinsentido, un bucle sin principio, fin o trayectoria. Y ya se ha hecho dueña de mis ojos.

Segundos después. Minutos, quién sabe. Despierto sin haberme dormido en este banco que suda los primeros rayos del impaciente verano. Qué bonitos aquellos años donde el calendario se coloreaba de cuatro estaciones y las semanas se medían en helados o tazas de chocolate.


Yo siempre fui una enamorada de la primavera. De las cosas que nacen, que emergen, que se colorean. De los huevos Kinder. De los chicles ocultos bajo Chupa Chups de fresa. Será por eso que permito que tantas cosas nazcan y crezcan. Dibujo las curvas de mi vida a base de ciclos de mariposa. Tan bellos y tan fugaces que nadie desearía que tuvieran el fin tan inevitablemente cerca. Pero quién dijo que ser capaz de dar vida no fuera uno de los Ases guardados en La Parca.

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