19 feb. 2015

El precio justo

Camina con las manos en los bolsillos y los cascos en modo cantautor. Su altura siempre le permitió mirar por encima del hombro del montón, aunque sus ojos siempre prefirieron admirar desde abajo. Y aunque nunca le inquietaron demasiado las ideas que llevaran su nombre, todo vaso termina por rechazar una gota.
Se cruzó con aquel rabillo del ojo que siempre se dilataba a su paso, pero no encontró reacción. Actualizó una y otra vez el contenedor de mensajes maldiciendo la tecnología, pero no había problemas de red. Y cuando se miró en el espejo descubrió que hasta el reflejo había decidido esfumarse aquel día. 
Qué era lo que ocurría. Tal vez su vida tenía una fuga por la que se había escapado el sentido, y todo el mundo sabe que hay seis sentidos y que sin cinco se puede vivir. Puede que su eterno inconformismo le hubiera llevado a ser la reina de las conformistas y que buscara, de pronto, la comodidad de cualquier sillón con vistas. ¿Y si la ambición ya no salía rentable con el cambio de divisa? 

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