30 mar. 2014

Papel y pluma

La vida la escriben las personas que pasan por ella. Escriben capítulos. Algunas incluso ponen el título a un episodio. O a dos. Hay quienes sólo son nombrados una vez y quienes aparecen tantas veces en la historia que se convierten en co-protagonistas. 
Amigas con las que comías tartas de chocolate para merendar y con las que nunca hablaste en inglés y a las que, aunque el destino haya construido carreteras y aeropuertos, tienes a tu lado día tras día gracias a un fragmento de voz. Otras a las que tu teléfono siempre tiene en llamadas recientes y con las que las conversaciones se cuentan por horas. Hay personas que te han visto llorar y han conseguido sin esfuerzo que sólo quisieras reír. Sabios trovadores de consejos sin horario de cierre. Gente que ha escrito párrafos interminables sin quererlo y que, aunque la tinta de su pluma fuera gris, nunca arrancarías ni una sola de las páginas. Otras a las que regalaste folios en blanco y sólo merecen acabar en la bolsa de papel para reciclar. 
Personas. 
Escritores de momentos. Creadores de recuerdos. 
Escultores de historias que repasas una y otra vez para que no mueran. 
Pintores involuntarios de escenas. Compositores de bandas sonoras de vida. 
La vida la escriben las personas que pasan por ella. Por eso hay quien siempre lleva un bolígrafo en el bolso, no vaya a ser que alguien se quede sin firmar en el libro de visitas.

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