23 feb. 2014

Conclusiones

El inicio y el final son los comunes denominadores de toda historia. El inicio surge sin previo aviso, cuando menos se espera. En tiempo, lugar y modo sacados de una ruleta de la suerte. 
Lo injusto es que el desenlace llegue demasiado pronto, cuando aún tienes apetito de más giros en esa novela o la película se ha quedado escasa de detalle. 

Existe otro común denominador. Cuando devoras el último minuto de imágenes o dejas sin oxígeno a las páginas del libro, el autor, quien creó esa historia, quien, de algún modo, la vivió para ti, desconoce cómo te sientes. No sabe si sus lectores lloraron con sus frases o si sus espectadores aplaudieron durante los títulos de crédito. Porque el creador no está. Esculpió su historia de duración indeterminada con mayor o menor intensidad, con una dosis imprecisa de pasión. Y se fue. La dejó como regalo eterno en los recuerdos de quienes la disfrutaron, como sabor de boca más o menos bueno en aquellos que tuvieron la suerte o la desgracia de toparse con su argumento. Pero en todos y cada uno de ellos deja una huella, un recuerdo, un aplauso y una mirada al cielo. Una reflexión de vida al menos. 
Y todo libro se cierra. Y toda película expira. Qué grandes aquéllos capaces de engendrar historias que tatúan huellas. Pero la vida es tan injusta en ocasiones que no permite a quien crea culminar su obra maestra.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Si así fuera el final, termínalo con una canción, termínalo con Fernando Delgadillo: "Hoy ten miedo de mi". http://www.youtube.com/watch?v=AWrQEbnKmqQ

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