29 sept. 2012

Pantones

He cogido mis pinceles, los de punta fina y suave. Sin guantes me dispongo a crear mi escenario para hoy, y mañana, y hasta los límites donde la caducidad nunca soñaría llegar. Porque no hay límites, no para quienes no creemos en las palabras negras.
Mi paleta de colores es infinita. Lucho para que los días en blanco y negro sean excepciones en el calendario. Difícil... No, esa palabra tampoco existe.
Mis trazos nunca fueron limpios pero, aunque lejos de ser perfectos, me aventuro a darles vida cada vez que la mía se queda sin sal.
¿Guardas en tu cajón de los sueños alguna reposición infinita? Si lo haces, supongo que ya te has percatado de que, por mucho que esos pasajes se repitan, no se traducen a realidad.
Pues eso mismo me ocurre a mí con mis cuadros. Cuántas veces habré tintado lienzos con formas de sofá y brasas, con mantas y almohadas y mi cabeza sobre tus rodillas. Pero da igual. Esa imagen sigue inerte, inmóvil, inanimada.
Podría desesperarme, tirar la toalla y resignarme a la vida en blanco y negro. ¿Sabes? Para eso no me han hecho.
Llámame inocente pero, ilusión perenne, yo nunca dejaré de pintar.

2 comentarios:

  1. Pues entonces, a ponerle color a la vida!!
    Tu entrada colma de optimismo, bien hecho.
    Cariños....

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    1. Aunque a veces sea complicado, hay que mirar a la vida con tanto optimismo como sea posible.Un abrazo.

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