Eligió el traje de muda para no gritar y tatuó en su cara de niña una sonrisa perenne. Sólo descansaba tras la puerta que custodian aquellos que engañan, arañan y dañan. Y claudicó exhausta ante los imposibles contra los que tanto quiso combatir. Sólo su corteza se vestiría de superheroína.
¡Celebro volver a leerte, celebro que hayas vuelto o yo...! No importa, vendré despacio a recorrerte.
ResponderEliminarUn gran abrazo.