26 abr. 2011

Tiritas para el mal sabor de boca

A veces la sopa se sirve fría, helada. Tanto que produce náuseas. Tanto que la escupirías sin dilación, sin atender a ninguna norma de protocolo, aunque creyeses estar sentada en un cinco tenedores
Entonces, con la boca teñida de amargura, deslizas tu silla lentamente. Lo harías con brusquedad, pero ¿cómo imaginar que, acostumbrada a tanto lujo, iban a pagarte con semejante porquería? Así que, incrédula y pasmada, comienzas a caminar despacio. Tal vez busques una explicación: no existe. La decepción te embarga, sólo te queda eso. No importa que reservemos mesa rosa para cuatro y nos embriaguemos de vinagre y patatas sabor jamón, porque cuatro cerebros tampoco descifrarán el acertijo. Hay jeroglíficos que se escapan de toda lógica, salvo la de quien lo ideó
Aunque parezca imposible poner un parche, hay enfermeras capaces de todo, relaciones públicas que intentarán analizar la situación e ingenieras que diseñarán los vectores del plan de actuación. 
Todo se acaba. Hasta la sopa fría se evapora.

2 comentarios:

  1. Un comensal de un cinco tenedores26 de abril de 2011, 11:38

    El problema es que los cinco tenedores son imposibles de olvidar y la sopa fría tarda mucho en evaporarse... Gracias por todo!

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  2. Este es nuestro gran, grande postmodernismo -que yo llamo modernismo tardío-: Mediocridad y decadencia por doquier.
    Un abrazo.

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