24 mar. 2011

Si privarse no es una opción

A nadie le amarga un dulce. Amargar, qué palabra tan indeseable. Dulce... qué tentación tan apetecible. Pero siempre he pensado que los verdaderos bombones no se fabrican en las pastelerías, que el chocolate más puro no se funde en un recipiente de metal, que los dulces con mayor magnetismo no se exponen en estanterías de vidrio y que no son expertos pasteleros los padres de los placeres más infinitos. 


Si no es así... que alguien me explique por qué a mí me pierde el sabor a ti, el olor a tu piel húmeda cuando te envuelves en mi toalla o el de tus manos cuando se acercan tímidamente a mi nariz... O cómo saben tus besos cuando el reloj insiste, pero se ha convertido en derroche gastar nuestro tiempo en dormir. 

Dieta de placeres

2 comentarios:

  1. No amargan los dulces, aunque hayan dulces que nos amarguen; por eso me he resignado a los amargulces -receta mía-. Buena prosa. Un abrazo.

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  2. Qué certeza , y cuánto se asocia
    con las limitaciones de los hombres....

    Un gusto.

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