8 ene. 2011

Nimiedades de una tarde de invierno

La lluvia inundaba sus zapatos,
pero no importaba.
La noche empañaba sus ojos,
pero no importaba.
El viento taladraba sus oídos,
pero no importaba.
El frío entumecía sus poros,
pero no importaba.


Lo que tenía aferrado a su cuerpo era lo único que importaba.


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