23 dic. 2010

Tan convencido estoy de que no existes 
que te aguardo en mi sueño para luego.

Mario Benedetti




Amaneció el reloj con el seis dibujado al revés. Sus ladridos perturbaron esa muerte pasajera. Sus maullidos acabaron con mi producción irracional. Sus gruñidos espantaron a mi propio mundo de las ideas. Y su colosal boca se tragó todo ápice de recuerdo que pudiese mantener en mi ya defectuosa memoria.
Y aunque no sé lo que pensé, aunque no recuerdo lo que soñé y aunque no soy capaz de dibujar aquello que imaginé, soy capaz de soñar despierta, soy capaz de imaginarte con los párpados en flexión y de perfilar cada uno de tus ángulos sin lápiz ni papel. Porque, ya lo dijo Calderón,  que toda la vida es sueño y... los sueños, sueños son.

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