4 nov. 2010

Camino sorteando los obstáculos y escudriñando cada expresión en busca de un detalle que me haga sentir bien. No busco recompensas por regalar algunos céntimos,  ni una sonrisa complaciente en un "gracias" que dijeron sin poder pensar. Analizo sus facciones, esa ropa raída y esos ojos que se orientan a un vacío lleno de bolsas de El Corte Inglés y zapatos de Chanel. Frente a sus pies una bolsa de deporte procura proteger los sueños a los que un día aspiró y que se esfuman entre las grietas de esa acera que calienta de diez a diez. Silencioso e inmóvil, sólo espera una mano que se acerque con ese metal preciado que le permitirá, con suerte, disfrutar del placer de comer. Sí, para ti es un placer, pero esas costillas impresas en su piel rugen la palabra necesidad.

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