7 oct. 2010

Negro

Sus párpados despertaron sin saber por qué, ni cómo, ni dónde, ni cuándo... Y eso era lo que más le preocupaba... ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?
No podía soportar aquel dolor punzante en su cabeza y era incapaz de analizar el habitáculo en el que reposaban sus doloridos huesos. Se incorporó lentamente, mientras escuchaba únicamente el chasquido de sus extremidades y la respiración entrecortada que a duras penas era capaz de ejecutar. 
No tardó más de un segundo en darse de bruces contra una pared. Áspera, fría, húmeda... Comenzó a palpar las aristas de las piedras que la conformaban buscando, lentamente, algo que le diese una pista de qué hacía allí. La ansiedad se apoderó de su cuerpo y sus ojos enloquecieron rastreando la oscuridad en busca de algún ápice de luz, de algún contacto con el exterior de aquel lugar, de una mínima cantidad de aire fresco que sustituyese aquel hedor insoportable que apenas le dejaba respirar. Nada. Absolutamente nada. 



Algún día logrará salir de aquel metro cuadrado y respirar; y ver; y comprender; y volver a vivir como,  aunque le parezca extremadamente lejano, lo hizo ayer.

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