16 sept. 2010

Que espere sentarme en La terracita de Albert Pla a diario no quiere decir nada. 
Que busque una alternativa desesperada para que ella deje de sonar pero no lo que se escucha cuando se calla no quiere decir nada.
Que busque volar en las tres uves dobles de los sueños baratos no quiere decir nada. 
Que unas letras hablando de esperanza me despierten una sonrisa no quiere decir nada. 
Que una imagen de un mundo paralelo se traduzca en unos ojos medianamente vidriosos no quiere decir nada. 
Que cuatro palabras que caminando aisladas no querrían decir nada calienten mis oídos no quiere decir nada. 
Que en tantas y tantas conversaciones aparezca un factor común no quiere decir nada.




Y es que cuántas cosas queremos decir cuando parece que no queremos decir nada.
 

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