24 abr. 2010

Érase una vez...


Una noche ella bajó las escaleras. Las copas parecía que se regalaban y la gente movía su cuerpo al son de una música que invitaba a no dormir hasta muchas horas después. Un desconocido, un saludo, una conversación, un par de horas de reloj. Llegó la hora, la música dejó de sonar. Miró a su alrededor y cada cara que observaba le resultaba desconocida, excepto la suya. La única cara conocida resultó ser la de quien había sido un desconocido hasta dos horas antes.
Subieron las escaleras y se sentaron en un enorme sofá. La luz era tenue y el silencio invadía toda la sala. Hablaron durante algunos minutos y, finalmente, sus ojos se encontraron y hablaron entre sí de un modo distinto al que lo habían hecho durante el resto de la noche. Breves segundos... y ocurrió. Todo sucedió muy rápido, pero sucedió, sí, realmente sucedió.

No hubo despedida. Se dijeron simplemente un "hasta ahora" que, en realidad, se traducía en un "hasta nunca", pero ellos no lo sabían.

Transcurrieron los días y, de repente, él volvió a aparecer. Fue en forma de letras, palabras, frases... que narraban la historia de una noche en la que no hubo un "adiós", ni un "hasta pronto"... Un érase una vez que no tuvo final feliz, porque no tuvo un final.



To be continued...

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