9 jun. 2014

Óxido

A veces los sentimientos se te agarrotan sesenta días. Y luego ocurre como cuando la nostalgia pedalea sobre tu vieja BH y la cadena intenta llorar para dejar de sufrir.
En ocasiones los sentimientos ejercen su derecho a huelga y se esconden en alguna esquina de la palabra obligación, recostados sobre la inercia cero atornillada en un colchón de muelles.

Ocurre que el corazón se oxida cansado de chaparrones a deshora y de lluvia ácida de invierno. Maldita contaminación humana.
Y cuando el mes de las flores culmina y el verde se viste de gala, el rojo dormita entre las cenizas de lo que pudo ser y no fue, ni será. ¿Y quién habla de antónimos de felicidad?