27 nov. 2016

Vagón silencio

El cielo se ha roto en mil pedazos. Me pido ser la artífice de semejante catástrofe natural y, ya que estamos pidiendo, libre para exagerar.
Las noticias no siempre se sirven en plato de porcelana, pero lo importante es comerlas con determinación, aunque tenga que ser con las manos. Cuánta potencia pueda llegar a adquirir el miedo no es relevante, lo que cuenta es cuántas sonrisas eres capaz de producir por minuto para combatirlo.
No hay mejor generador de poderosas sonrisas que las manos de quien siempre te dirá que estás suave, aunque hayas despertado en un iglú en medio de Andalucía, o que hueles a pequeña, aunque tu humor sea más propio de quien ya presume de un buen catálogo de arrugas. Por eso duele reconocerse gris, sentir que haces ásperas esas manos, que aunque puedas justificarlo jamás deberás utilizar el camino fácil. Porque no se lo merece.
Todo esto es lo que hace el tren más silencioso, y no que hayas cambiado tu billete por uno en el vagón silencio.
Pero no te preocupes, porque la suerte ha querido que, en cuanto desdibujes de nuevo el trayecto, vayas a seguir cantando.
La suerte, bendita y desgraciada suerte.

22 nov. 2016

Alrededores

Ya, ahora sí, ya está aquí el otoño. El cielo se ha puesto el abrigo y al Sol le han concedido jornada reducida.
Hace algunas horas (cada uno cuenta el tiempo como quiere) pisábamos los charcos del centro estrenando lo húmedo de las baldosas.
Hacia arriba, solamente un trozo de tela verde con lunares oxidados. Hacia el frente, esta ciudad que se convierte en eterna los sábados. Hacia atrás, un recuerdo nuevo para el próximo peldaño. Hacia un lado, desconocidos compañeros de escenario. Hacia el tuyo, la partida en la que me juego el futuro a una sola mano.