23 feb. 2014

Conclusiones

El inicio y el final son los comunes denominadores de toda historia. El inicio surge sin previo aviso, cuando menos se espera. En tiempo, lugar y modo sacados de una ruleta de la suerte. 
Lo injusto es que el desenlace llegue demasiado pronto, cuando aún tienes apetito de más giros en esa novela o la película se ha quedado escasa de detalle. 

Existe otro común denominador. Cuando devoras el último minuto de imágenes o dejas sin oxígeno a las páginas del libro, el autor, quien creó esa historia, quien, de algún modo, la vivió para ti, desconoce cómo te sientes. No sabe si sus lectores lloraron con sus frases o si sus espectadores aplaudieron durante los títulos de crédito. Porque el creador no está. Esculpió su historia de duración indeterminada con mayor o menor intensidad, con una dosis imprecisa de pasión. Y se fue. La dejó como regalo eterno en los recuerdos de quienes la disfrutaron, como sabor de boca más o menos bueno en aquellos que tuvieron la suerte o la desgracia de toparse con su argumento. Pero en todos y cada uno de ellos deja una huella, un recuerdo, un aplauso y una mirada al cielo. Una reflexión de vida al menos. 
Y todo libro se cierra. Y toda película expira. Qué grandes aquéllos capaces de engendrar historias que tatúan huellas. Pero la vida es tan injusta en ocasiones que no permite a quien crea culminar su obra maestra.

16 feb. 2014

El salto del mundo

No hay distancia mayor que la que te separa de aquel a quien aún no has conocido.
Qué son unas horas, qué suponen unos kilómetros. 
Sólo es irrisorio tiempo. No es más que efímero espacio. 
La altura de esa muralla es inversamente proporcional a cuánto estés dispuesto a saltar. 
Y el amor por amar no entiende de minutos y metros.
Por eso el récord del mundo en salto de altura nunca será imbatible. 

6 feb. 2014

Gota a gota

Acabo de ver el vídeo en el que una niña de tan sólo quince meses disfruta de su primera lluvia. Las primeras gotas caídas del cielo y acostadas en su pequeñita cara. Sus manitas intentando abarcar la infinidad de partículas que el cielo vertía, sin duda alguna, únicamente para que se crease ese momento mágico. 
Y me han entrado ganas de que llueva. De salir sin paraguas y saltar en los charcos. Que no me importe que se me ensucien las gafas o que me gotee el pelo al entrar al próximo bar. De cantar sin afinar, porque ya llueve. De correr bajo el agua dejando a la humedad consumir todo lo gris. 
Porque lo único malo de que llueva es no saber disfrutar de la lluvia.


4 feb. 2014

Soñar despierto

Dices que duermo demasiado mientras bostezo tras el humo que emana de la taza de café. Podría contradecirte, contarte que no pego ojo aunque me meta en la cama a las diez, pero el cansancio me pone una mordaza y me obliga a fumarme otro cigarrillo. 
El humo se multiplica y hablamos de la vida y de quién bautizó al amor. Es curioso que conozcamos conceptos tan diferentes y que respondan al mismo nombre. 
- También hay muchas Cristinas, pienso. 
Vuelvo a bostezar. Por tu mirada de reojo sé que piensas que no disfruto de tu compañía, pero es la pesadilla que se rodó anoche en mi cabeza la que tiene a mi cerebro maniatado. Pero eso nunca lo sabrás. 
- Ya es tarde, será mejor que me vaya.
Recoges tu abrigo y tu bufanda y derrochas piel por un par de segundos más.
Yo no quiero acostarme si no es contigo, la pesadilla me atormenta y temo permitir la rendición de mis párpados y la victoria de mi subconsciente. No sería en absoluto curioso sentirme a salvo sobre tu piel si no fuera porque mi pesadilla más recurrente lleva tu cara en la portada.