25 oct. 2012

Indignación


Sé que lo que se espera encontrar aquí no son artículos de opinión acerca de política o economía. Que, posiblemente, mezclar lo que normalmente hago (divagar y escribir sobre sentimientos) con lo que viene posteriormente no sea una buena idea. Pero es que hoy la noticia de un hombre de poco más de 50 años que se ha suicidado en Granada me ha removido por dentro. Iba a ser desahuciado y, antes de verse en semejante situación, se ha quitado la vida. Tras enterarme de la noticia la rabia se me ha agolpado en las yemas de los dedos y me he lanzado a escribir (desahogarme). Lo siento si no es demasiado apropiado, pero ahí va:

¿De verdad esto se puede llamar "Estado del Bienestar"? Un país en el que sus bancos han hecho lo que les ha dado la gana, han falseado cuentas y se han ido a pique. ¡Pero qué más da! Si me arruino, el estado español, como buen generoso, me inyectará miles de millones de euros para que vuelva a salir a flote. 
- Menos mal que no tengo una frutería, una imprenta o una fábrica de tornillos, porque, de ser así, si me arruinase, no me darían ni un duro y me vería sumido en la quiebra y la ruina más absolutas. - Pensarán en los bancos.
Pero no, no son ciudadanos comunes. Son bancos. Y por eso no se les puede dejar caer. Hay que regalarles el dinero, no vaya a ser que nuestro sistema financiero (tan sólido y envidiable internacionalmente como nos quisieron vender) caiga y España con él.
Pero España está cayendo. Los españoles, que siempre hemos vivido por encima de nuestras posibilidades (somos más chulos que nadie), nos metimos en hipotecas impagables pensando que íbamos a ser siempre los reyes del mambo y que el dinero saldría de debajo de las piedras. Que el ladrillo valía lo mismo que el oro y que tener casa y coche propios era una obligación casi constitucional. 
Y sí, en eso nos equivocamos, o se equivocaron. Yo aún no he tenido tiempo de ganar dinero ni para comprar el pomo de la puerta de entrada de una casa. 
¿Pero es lógico que quienes se han cargado la economía española reciban miiiiiles de millones de euros y que, para más INRI, sus dirigentes, consejeros y demás cargos ostentados por inútiles puestos a dedo, reciban indemnizaciones multimillonarias y jubilaciones de quitar el hipo? ¿Desde cuándo alguien que HACE MAL SU TRABAJO, un trabajo de indudable responsabilidad, es premiado de esa forma?
Eso por un lado. Y, por otro. ¿No se supone que los fondos que se asignan a la banca tienen un objetivo final positivo para España? Para España, entiendo, y los ciudadanos españoles. No sólo para los trajeados banqueros (y políticos por extensión) del país. 
Si es así, entonces, hay algo que no entiendo. ¿Por qué un hombre se ha suicidado en Granada antes de ser desahuciado? ¿Por qué no se protege al ciudadano y sólo se tiene entre algodones a los malditos bancos, culpables de una enorme parte de esta situación? ¿Por qué se sigue haciendo caso a una Ley de 1909 cuando incluso la Constitución de 1978 se está quedando más que obsoleta? ¿Por qué hay más de 500 desahucios por día desde que comenzó la crisis si los bancos, además, no pueden dar salida a esos pisos porque nadie tiene dinero para comprarlos?

¿Esto es un Estado del Bienestar? ¿Un país en el que la gente se suicida porque le van a quitar su casa?
Pues yo paso del Estado del Bienestar. El Bienestar es una estafa. Y este Estado, el circo de la vergüenza.




20 oct. 2012

Oniri

Nunca pensó que las noches pudieran doler. Las estrellas son esferas, grandes bolas de fuego a millones de años luz, frías y sin afiladas puntas. Y los puñales son ángulos de infierno.
Los incisivos son los sueños. 
Imagina a quien escribe riéndose entre dientes, hilando actos imposibles donde siempre eres tú la cabeza de cartel. Quiere que se deshaga de tu personaje para sus argumentos. Que lo destierre o lo aniquile, que cree para él un final, aunque sea inverosímil, pero que no le haga compartir escena junto a ti.
Ya se antoja complicado obviarte a la luz del día, como para asumir torturas de ocho horas y un tortazo insoportable de realidad al despertar. 







Maldito subconsciente. Está infestado por/de ti. 


18 oct. 2012

Con(s)ciencia

Apenas una decena de personas murmura junto al andén. Huele a nicotina y calma inquieta, productos de la espera y del nuevo destino más allá de las vías. Una pareja de ancianos comenta en voz baja cuánto ha cambiado aquella estación desde la última vez que la pisaron juntos. Ella tiene el pelo blanco, a juego con el cabello que aún no se ha esfumado del cuero del caballero. La vida destiñe y corrompe, curte las caras, pero sólo a las almas que crecieron débiles o desafortunadas.
Hay una chica. Permanece sentada en una de las sillas de metal inmersa en un libro de Zafón. Cada 65 segundos consulta el reloj, esperando que el retraso sea un mal sueño y la megafonía grite su nombre. Cada 70 segundos, de reloj y de reojo, observa a sus futuros compañeros de viaje. Y vuelve a penetrar en las letras del ángel al que no encuentra sentido. Todo será distinto, piensa, cuando se aleje de esa niebla gris y se mude al coche dos.
Por fin el reloj se detiene. Las dieciséis y treinta y dos. Hojalata en media docena se detiene en la estación y con su libro en la mano asciende tras el resto. Paso a paso recorre el pasillo y se acomoda en su asiento. Tras echar un vistazo a su alrededor y descubrirse sola guarda su libro en la viajada maleta y se dispone a pensar. Debe ser sincera, por algún motivo esas frases no cobran sentido para ella.
Pronto llegará a la conclusión de que ha intentado robar un sueño. El del ángel no es su anhelo, los ángeles no visten rojo interno. Y ella, desde hace ya tiempo, sangra rota y execrable muy adentro.
Su cabello se rindió al blanco y nunca supo cuándo dejar de llorar.


17 oct. 2012

eclosión de negro

Fíjate si soy egocéntrica, que creo que el tiempo llora conmigo. ¿Sabías que si te rindes al sueño con los ojos ahogados, te despiertas del mismo modo y el cielo te mira con ojos de manantial? A mí me ocurre. Los elementos vibran conmigo. A veces temo que se desencadene un terremoto - explosión de rabia contenida - cada vez que reviento por dentro. 
Lo sé, me dejé dominar por cuervos negros. Me han perforado los ojos y han desgarrado entre atronadores graznidos mi corazón. Ya no sé querer. Ni sé cómo dejar que me quieran. Mi coraza se ha vestido de plumas negras, que contagian todo cuanto oso tocar. Intenté despojarme de ellas, ignorar su aspereza y su olor a podredumbre, pero cuando has caído tan profundo ya es imposible reflotar. Toneladas de plumas y cadáveres se corrompen hasta consumir lo poco de mí que conseguí salvar. Me envenenan tanto que mi lengua me quema, que los pensamientos se agolpan y sólo logran escapar aquellos que hablan de dolor, de reproches y de penas. Mentiras muchas de ellas, pero más fáciles de rememorar que las verdades que fueron fresa, mañanas de sol, tus manos seda, que inmovilizan las neuronas cuando pretenden avanzar. 
Pido perdón por haber espantado a la primavera.


Ilustración de Lorenzo Mattotti

16 oct. 2012

Al paso

No me mires de esa forma. Mírame con los ojos fijos, como cuando enmudecías tras el cristal. Quiero desempañarlo infinitas veces, con pañuelos de flores de invierno o con trapos turquesas en flor. No me importa el cómo, sólo sé que no me imagino una mañana sin buenos días, ni noches sin tener derecho a echarte de menos en una cama de noventa. Pero desde pequeña me recuerdo que la vida no se conforma de aquello que osamos desear. Posiblemente esté programada para vagar eternamente entre signos de interrogación. A encontrar simples brazos en el inmenso cajón de los abrazos. A desempañar únicamente el cristal de mis gafas de cerca al ver Amelie por trigésimo séptima vez.

Y, algún día, me gustarán los gatos.

Retina

En ocasiones los mortales cambian, aprenden o desaprenden, y se convierten en alguien inesperado, asombroso, una nueva unicidad; para bien o para mal.
En otros casos, la mutación no existe, simplemente nunca fueron como nuestra mente caprichosa nos apremió a imaginar y, únicamente, tenemos que soportar el dolor de abrir los ojos, putas cómplices de la oscuridad.


¿Y si lo que toca es reconocerse a uno mismo? ¿Cómo se giran los ojos hacia dentro?

8 oct. 2012

Estanque

Alicia salió de casa aquella tarde con la mirada más apagada que de costumbre. Pensativa, ni siquiera se despidió del portero, quien sí le regaló una sonrisa como cada ansiado viernes. 
Salió a la calle y el viento sacudió su pelo. Pelirrojo, enredado fuego. Y la tímida pero molesta lluvia se unió a las lágrimas que se agolpaban en el cristal. Ningún día olvidaba guardar las gafas cuando llovía. Pero ese día no era uno más. 
Caminó entre las paredes de ladrillo y el ahogado grito de la ciudad. Sus piernas decidieron conducir su robótico cuerpo al parque en el que de niña descubrió infinitos juegos y qué era eso de besar.
Se tendió sobre la hierba y, empapada por dentro y por fuera, cerró los ojos y se dejó acariciar por aquellas pequeñas dosis de mar. 
No supo explicarse cómo había llegado a aquel punto. Uno de tantos diminutos e insignificantes momentos de su vida, pero con un poder de absorción tan abismal que percibía flaquear sus últimos murmullos de energía.
Sentía que nunca antes había experimentado esa sensación. ¿Alguna vez se había convertido en tantas cosas y en tan pocas a la vez? Recordaba aquellas promesas que en voz alta se hacía.
- Yo siempre seré valiente. - solía decir.
Y se peinaba una trenza a un lado o se pintaba una uña de cada color. A menudo elegía un amante y, como una mantis, engullía su recuerdo incluso antes de que las sábanas se deshicieran de su olor. 
- Siempre seré libre. Siempre decidiré yo.
Y así olvidaba tactos, voces, labios y sensaciones. Rechazaba abrazos. Los brazos eran las sogas que impedían la libertad. Y ella quería volar. Convertirse en alguien grande. Un ser excepcional a quien muchos admirasen, algunos amasen y un puñado de mortales incluso llegasen a odiar. 
¿Y qué era en aquel momento? Solamente una loca tendida entre un verde perenne y cientos de insectos empapados que podían verla llorar.
No era libre. No del mismo modo. Y ya no quería serlo. 
¿Dónde había quedado su idea de libertad? 
En dos brazos que pudieron ser sogas, pero que se vistieron de seda para despistar al miedo. 
Y ahí estaba el problema que le quitaba el sueño. Se rindió a la seda, que se enganchó a su cuello, a su vida y a su futuro incierto. 
Pero los gusanos de seda, aunque frágiles y aparentemente indefensos, son listos y hábiles, y supieron alejarse cuando volvió a salir el viento. Fue desde ese preciso momento, cuando Alicia cada tarde salió al encuentro de las gotas de lluvia y del frío de invierno, esquivando al futuro y besando al miedo, sin quitarse las gafas, para no poder verlo.


El beso de la muerte, Cementerio de Poblenou, Barcelona.



3 oct. 2012

Aceleración inconstante

El segundero marca el compás de los engranajes de esta montaña rusa. Cada tic es una gran cuesta, cada tac una estrepitosa caída. Y, cuando reacciona el minutero, un looping es capaz de hacer cambiar el vagón de sentido. Aunque la dirección es constante. Más distante o más cercano del destino 1 ó 2, pero siempre en el mismo raíl. Factor común indeleble. Pero tantas variables e incógnitas, que hasta el mejor de los ingenieros se llevaría las manos a la cabeza.



"Los discursos inspiran menos confianza que las acciones", Aristóteles.